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"Los pobres de Ciudad Oculta" (I)
de la serie del mismo nombre.
Acrílico sobre tela.
180 x 150 cm. - 1999.
 

Se ocuparon de sus obras:

Raúl Alberto Albarracín; Mario Romero; Alberto Balliari; Diario Clarín; Hugo Monzón, diario La Opinión; Diario La Voz del Interior; Diario Córdoba; Diario La Capital, de Santa Fe; El Tribuno de Salta; Elba Perez; Diario Tiempo Argentino; Oscar Felix Haedo; Revista Actualidad en el Arte; Raúl Vera Ocampo, Le Monde Diplomatique; Revista Humor; Revista El Periodista; Jorge Feinsilber; Diario Ambito Financiero; Elena Oliveras; Laura Feinsilber; Alberto Collazo; Aldo Galli; Omar Singini; Diario La Nación; Albino Dieguez Videla; Diario La Prensa; Tito Perez, diario La Gaceta de Tucumán; Olga de Pareja Nuñez; Omar Sanghini; Olga Spiegel, La Vanguardia, España; Revista Crisis; Diario La Voz; Francisco Linares; Héctor Ivo Marrochi; Edmundo Concha; Osiris Chierico; Francisco Fernández; diario Noticias; Zulema Molina; Jorge Taverna Irigoyen; Raúl Ponce; Jorge de Santa María; Marina Riveira, Brasil; Manuel Madrid; Jorge Figueroa; Viviana Reznik; Revista El Ojo del Arte; Mirtha Chambeaud, Revista del Instituto de Investigaciones Estéticas; Fabiana Barreda; Rubén Martínez Salazar / Julia Rocha; Rosa Faccaro; Diario El Siglo, Silvia Aguero; Libro "40 Dibujantes Argentinos"; "Documenta 86"; Libro "Criollos For Export"; Libro "Arte Argentino Actual"; Patricia Gabancho, Barcelona; Silvia Marrube, Museo Eduardo Sívori; Laura Castro, El Vernáculo ; Libro "Imagen y Semejanza"; Libro "Ciudad de Angeles, otra mirada"; Libro "Las Señales" de Mario Romero; "30 años por un Futuro 1976-2006" IUNA, Edición Libro de Artistas; Libro "La Cultura en Tucumán del siglo XX" de R. Espinosa; Travesía, Arte Latinoamericano. México; Poemas de Ciudad Juárez, Biblioteca de la Naciones; Libro Premios APA, Buenos Aires; Revista Trompetas Completas Nª 32; Libro Historia, religión y antropología desde nuestra América Latina; etc.

 


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Extractos de críticas, notas y reportajes
Extracto del comentario de la muestra de las serie "Humaniquiestal".  
Diario Ambito Financiero. Marzo de 1987.

"... Luis Debairosmoura sale del conjunto de los grandes dibujantes y se instala entre los fundadamente irreverentes, innovadores absurdos, grotescos, y no desprejuiciados pintores con savia prominente de nuestro tiempo. ..."

Jorge Feinsilber

Luis Debairosmoura sale del conjunto de los grandes dibujantes y se instala entre los fundadamente irreverentes, innovadores absurdos, grotescos, y no desprejuiciados pintores con savia prominente de nuestro tiempo. ..."


De un texto de Mario Romero dirigido a Luis de Bairos Moura en 1971, a propósito de la muestra de la series "Las Trincheras", "La metamorfosis" y "Las Eróticas" en Buenos Aires:

"…
Y no solamente nos deshumanizan así. Están también esas formas que niegan nuestras posibilidades, que nos reducen. Esto es doblemente negativo ahora que hay una alternativa liberadora que no reconoce límites y porque el arte no es interpretación de la realidad sino la realidad misma expresándose, convirtiéndose. Vos lo sabes y por eso tu poder creador tiene un claro sentido.

Hay una energía feroz desatada en tus figuras. Es la energía necesaria para el cambio, porque quien ama la vida ama el fuego y lo alimenta. Algunos pueden temer estas crepitaciones y tu fuego pero si has visto el sol es natural que estés comprometido con todo lo que tiene fuerza originaria. ..."

Extracto del comentario crítico de la muestra de las series "Los Todomanos" y "Humaniquiestal". Revista La Actualidad, Arte y Cultura, 1994.

"... En las obras del artista, todo es un juego de múltiples metáforas, acuñadas en sueños desdoblados, en sucesivas transformaciones. Tal es el caso de una de sus series, ‘‘Los Todomanos’’ especie de acertijo alegórico de un tiempo de la condición humana. Están trabajadas en el correteo desenvuelto y nunca concluso de las palabras utilizadas como claves en el desarrollo de las ideas plásticas. En ‘‘Humaniquiestal’’ el hombre está en su síntesis formal, inestable, con sus grandezas y miserias..."

Manuel Madrid.

 

Extracto del comentario de la muestra de las serie "Humaniquiestal"1987.

"... Luis Debairosmoura sirve lúcidamente, desde su pintura tanto como desde su dibujo, a esa narrativa intensa en la que están comprometidos la vida y el hombre actuales, cruentos en sus revelaciones metafóricas, exteriores dramáticos sobre los que se proyectan densas interioridades - ‘‘Epica Narrativa’’ la definiría Raúl Vera Ocampo-, convirtiendo sus obras en arduos testimonios. De allí que resulte imprescindible sumar su producción, de tan singulares características, a la elaboración multifacética del retrato a menudo despiadado, cruel, mordaz, crítico, de este tiempo del ser. ...’’

Osiris Chiérico.

 

Extracto del comentario en el libro "Arte Argentino Actual", de la serie  "Investiduras" y  
"La máquina de hacer corderos"
1994.

"... En su serie "Investiduras", la vestimenta se convierte en una ambigua piel que lentamente será deshabitada por el cuerpo hasta convertirse en la frágil investidura de un cuerpo vaciado. Sintetizados en el instante de transmutación, los cuerpos se dibujan como fragmentos fantasmáticos de una fatídica secuencia. El pasaje de esta mutación al campo de la pintura se complejizará, incorporando al intempestuoso color de estos cuerpos en transición, un espacio en acelerada descomposición.
Esta nueva fuerza barroca aparece en sus pinturas "Brasil", "Amor de cenizas" y "La máquina de hacer cordero", y es en el plano pictórico donde aparecerá otro desdoblamiento temporal: a la secuencia mutante se anexa otro plano virtual donde el pasado de los cuerpos se torna visible. ..."

Fabiana Barreda

 

Presentación de catálogo para la muestra "Todos los Cielos y el Infierno" 
realizada en el Centro Cultural Virla, en San Miguel de Tucumán. 2001.

Desciframientos (37)  

Deslizarse por los mundos posibles donde se conciben criaturas, actos y diversidades, que constituyen un corpus de "objetos enmarcados", es deslizarse en silencio porque la conmoción no permite emisión. 

Los mundos en los que se inserta Debairosmoura no se detienen en los límites de los ojos, se desplazan por la sangre instalándose reversiblemente desde los pies o las yemas de los dedos hasta el lugar en que cada decodificador interpreta o no interpreta.  

Hasta aquí, la única certeza es tamaña instalación: nos apropiamos, preguntamos, impugnamos, pero en estado de plenitud.  

Salimos del Museo Sívori o de cualquier galería de arte donde Debairosmoura expuso o expone, y entonces es inevitable pensarlo.  

El pensamiento es estrategia que incita, induce, desvía, facilita o impide. Avanzando se descubre el pensamiento como "proceso de subjetivación", no como retorno al sujeto sino como constitución de modos de existencia. "No la existencia como sujeto, sino como obra de arte". En su libro "Conversaciones", Gilles Deleuze dice: "Los filósofos consideran su filosofía como una personalidad involuntaria, en tercera persona". Estoy hablando de una tercera persona que crea dibujando, pintando, que se adelanta, padece, pero vive y hace vivir entre líneas, figuraciones de texturas fuertes que, en otras series, se debilitan en grises y blancos -en apariencia- para permitirnos caminos abiertos que no nos fuercen los pies. ¿Estaré hablando de esa posibilidad de la filosofía?

Deleuze dice que el objeto del arte es “crear agregados sensibles”, el objeto de la filosofía es “crear conceptos” y el objeto de la ciencia es “crear funciones”. A partir de los cuales pueden plantearse una cuestión de ecos y resonancias que se dan entre estas actividades. Esta es la hipótesis de la obra de Luis Debairosmoura, en la que intento probar que no sólo estamos ante una cons-trucción estética sino también ética. Porque en el entramado de líneas siempre hay concepto, función o agregado que invariablemente se tocan.  

En una Argentina pobre se intenta una restauración de la trascendencia a través de reflexiones, reinstalaciones, genéricos, y otros en los distintos ámbitos. El desafío es crear "conceptos" a través de la mostración en el terreno de la inmanencia, porque lo requiere la urgencia.

Sentimos esos conceptos que se nos aparecen nítidos con sus mutaciones y desmembramientos: "Los fantasmas de Ro", serie donde el movimiento sugiere casi inexplicablemente lo que vemos y no vemos, donde el artista insiste en la agilidad y los quebramientos, hendiduras que buscan con apremio el todo y sus límites. ¿Porqué tanto hueso despoblado?¿Será lo que se ve, lo que no se ve y esa dificultad de existir en este país latinoamericano que no quiere ser asido, que busca el color propio y, a la vez, universal?

Esto se reitera en sus acrílicos y óleos, allí el infierno y el origen se debaten hasta con lo místico: “La Gorgona”, mujer-privilegio, no menos serpiente-bíblica, por un lado, un cuadro dentro del cuadro coexistiendo con la precariedad de sus maderas pintadas con distintos colores, y sus hijos tomados hasta un límite, por el otro. “Brasil” reitera la temática del hombre latinoamericano transpirando en cielo rojo y en suelo rojo.  

Impugnaciones al poder: “La máquina de hacer corderos”, “Los pobres de Ciudad Oculta”, “El Gallinero”, ¿No impugna el “corpus de la obra”, con su gravedad, a la médula del Poder? Una forma de discurso directo es la mostración de datos o realidades que no pueden desmentirse. Aquí están en plenitud.

¿Cómo explicita esa insistencia con la mujer, unas con cuellos de reinas-serpiente y, otras, con movimientos de pájaros o pez? La figura central en blanco y azules de “Mitos y creencias”, roza con su vestidura de pliegues la primera mitad del cuadro y es central en la otra, me parece paradigmática como concepto.

Como “intercesora” fabulo y voy creando la voz que su propio texto contiene.

Encuentros, ajenidades y otras resonancias, para no crear un discurso unívoco del “Amo o del colonizador” al decir de Deleuze. Es evidente que uno crea y otros descubrimos, intentando captar esos movimientos de “constitución", de eso se trata.

Julia Rocha

 

 

 

 

Extracto de "Epica de Mutantes". 1996.

"... A la hora de convocar su imaginario, el artista obedece a una pasión: la de expresarse como quien se libera de una opresión, con toda la conciencia de la muerte y toda la sensualidad que se sabe conciencia de la vida.

Cuando este pintor elige su idioma, busca el lugar donde pueda vincularse del modo más directo con lo incodificado, y allí fotografía el movimiento propio de las fuentes vitales del ser.

Utiliza el vértigo como recurso para superar la melancolía, al construir en su interior la imagen más dinámica, y cuando la cristaliza en la tela, lo hace con el arma contrastante de una gran precisión.

La determinación con que pone el cuerpo para que todo funcione más allá del discurso, hace que pueda resolver en diálogo, la escisión mente cuerpo, y las infinitas figuras imaginativas que ofrece su obra, son momentos de ese diálogo constante.

Desintegra para integrar. Desintegra lo insoportable, para integrarlo al cosmos siempre reparador del arte.

Y si alguna preocupación le cabe por integrar su obra a alguna arquitectura, lo será solo a la del dolor de la humanidad. ..."

Viviana Reznik

 

 

Extracto del comentario crítico de las series "Humaniquiestal" y "Los fantasmas de Ro"
Diario La Nación.  1987.

"... Luis Debairosmoura es un artista de destacada actuación, cuya labor ha merecido numerosas distinciones. Buen dibujante y buen pintor, tiene un modo particularmente ácido de concebir el mundo. (...) De ahí que la exposición de acrílicos que expone en Soudán abunde en expresiones que apuntan descarnadamente a plasmar una concepción que señala los aspectos trágicos de la condición humana.

"La invención está confiada más que al significado ilustrativo de la imagen a la forma en que ésta es presentada. Todo tiende a mostrarla en un contexto conceptualmente muy claro (...). Sabe ahondar aspectos subterráneos de la realidad con una libertad que no obstante su imaginativo vuelo impide interpretar erróneamente el tema."

Aldo Galli.

Presentación para la muestra de la serie y el libro   
"Ciudad de Angeles, otra mirada"
2002

Este  excelente dibujante ha representado la figura del ángel en una particular visión. Vemos en el tratamiento del blanco pictórico interpretar su naturaleza etérea como esfumatura de la desencarnación. Las imágenes de estos seres luciferinos nos hablan de la propiedad de su luminosidad, de esa apariencia con que imaginamos la pintura de un Henry Füssli.

Nos revelan estos ángeles una visión de la noche oscura, romántica, y al mismo tiempo nos recuerdan a Rilke en sus elegías. El acercamiento a Swedenborg –uno de los escritores preferidos de Borges- se presenta en la naturaleza vincular y familiar con estas imágenes angelicales, al entablar con los mortales largas y sabias conversaciones. Las figuras fantasmales revelan el proceso transformador de la angelización en su metamorfosis. Este imaginario icónico es particularmente hermoso y aterrador por su penetración psicológica. Se siente en la visión de la superficie pictórica lo singularmente táctil en la sensorialidad de la carne transformada en cuerpo celestial alado.

La calidad háptica de estas representaciones imaginarias de Luis Debairosmoura nos remiten a los mismos escritos de Swedenborg cuando habla de esa cualidad del cuerpo para amalgamar ropaje y espíritu encarnado, siendo difícil separarlos ya que constituyen una sola unidad. El sentido de corporizar lo etéreo, y espiritualizar lo corporal en su obra, es como transitar entre la vida y la muerte en un pasaje iniciático.

Interpretar la muerte como nacimiento, es un fenómeno poético que puede visualizarse en estas pinturas realizadas con un lenguaje que sólo se concibe en un instante privilegiado del poder visionario del pintor. La liberación de la enfermedad a través de la muerte, y el dolor del ser humano, en ese tránsito ineludible que revelan las escrituras sagradas, está presente en estas imágenes que tocan los límites y los territorios de lo supuestamente visible.

Rosa Faccaro

 

Extracto del comentario crítico de la muestra Restrospectiva "Todos los cielos y el Infierno"
en el Museo Eduardo Sívori, de Buenos Aires.
2000.

"... Sus obras surgen de "pregnancias", vivencias que son elaboradas a partir de su propia historia, y que al ser llevadas a las telas en una operación de síntesis, surgen diferentes temáticas. La obra es un "continum" infinito que se rehace constantemente. De allí esa visión de sus personajes en cambio o transformación permanente."

"... Las imágenes funcionan como metáforas de una microsociedad con sus propias leyes de convivencia y supervivencia: el poderoso que oprime; el proceso de domesticación ejercido sobre los débiles, el consumidor que termina siendo consumido no sólo por los objetos deseables sino también por el sistema. En todas ellas aparece el carácter mutante de sus figuras. En "Los pobres de Ciudad Oculta", la carga determinante de la herencia social se manifiesta en sus habitantes. Debairosmoura pinta cerramientos que no sólo son reales, sino que nos indican como en "Detrás de un largo muro", la película de Demare, los otros límites más condicionantes, un adentro sin alternativas, y el afuera un mundo que nunca van a llegar a poseer."

"Pero esta visión casi tanática de la realidad no es excluyente, subyace detrás una sensación optimista ya que estas continuas transformaciones dejan latente la salida a la esperanza. Como diría el pintor: "el desprendimiento de una piel para el nacimiento de otra"."

Silvia Marrube

 

Extracto del comentario de la muestra de las serie "Humaniquiestal"
Diario Clarín. Marzo de 1987

"... Con renovado lenguaje plástico, Luis Debairosmoura quiebra las fronteras del dibujo para entrar en el mundo del color.
Con la Serie Humaniquiestal se agrupan un conjunto de personajes que hacen a la iconografía de Luis Debairosmoura. Sus planteos espaciales (...) cobran nuevas dimensiones.
El cambio producido en este artista es de interés ya que se pueden observar los caminos del proceso de creación. ..."

Alberto Collazo.

 

Extracto de la Presentación de catálogo de la muestra "Todos los Cielos y el Infierno"
realizada en el Museo Eduardo Sívori de Buenos Aires. 2000.

"... Luis Debairosmoura nos acorrala y nos señala permanentemente en sus imágenes, recordándonos nuestra naturaleza incierta y a veces extrañamente morbosa y aterradora. Sus figuras transmiten con sus tortuosidades y deformaciones -mostradas en su oficio plástico- los vericuetos y contradicciones del alma humana."

"En este fresco que, con variables de color, textura o densidades el artista nos lleva a recorrer como un Virgilio en el paisaje dantesco, se puede asimilar una lectura casi frontal del desti­no que nuestra sociedad ha vivido en estas últimas décadas. Y digo casi frontal, porque en diversas oportunidades, la raíz poética que Luis maneja quiebra esa atmósfera espesa para entregarnos también una oblicua transición hacia el descanso producido por una instancia amorosa, una catarsis por medio del amor ya sea físico o espiritual."

"El dramatismo está siempre presente hasta en obras como "El beso", "Amor de cenizas" o "Los límites", un simple canasto con figuras de mujeres. Aparece así su realidad interna como una lucha constante entre la conciencia y las apariciones fantasmagóricas del inconsciente. Y surge además la connotación política en "El enano fascista", o la evocación literaria de Borges."

En sus dibujos, de una gran coherencia estilística, Debairosmoura hace honor a sus aprendizajes mostrándonos como la línea, el claroscuro y el blanco y negro pueden sostener toda una amalgama creativa con imágenes de una sólida contundencia y una expresividad categórica.

Raúl Vera Ocampo.

 

 

Extracto del comentario de la muestra de las series
"Gente de Circo", "Las Iguanas", "Las Eróticas" y "La Metamorfosis". 1968.

"... Debairosmoura es una personalidad eufórica y vital, practica las reglas de juego del arte de hoy con una sorprendente capacidad de realización, disponible y abierto a los mensajes de su contorno y de su tiempo, lleva adelante proyectos con pasión y audacia. ..."

Edmundo Concha

 

Presentación de las obras de la serie "Paisajes Nacionales". 1975.

Los Paisajes de Debairosmoura

A veces la figuración sutil dibuja la mano del fusilado o la sensibilidad amorosa de un desnudo, una forma, una piel. No es una adhesión simple a lo real. Todo lo contrario, testimonia, señala, simboliza. Alcanza significados múltiples, coherentes entre sí. Las formas trasuntan una recuperación del hechizo erótico, un enamoramiento profundo de la piel como belleza que traduce sutiles signos del amor más vasto. Y estos matices se tornan dramático ingrediente de choque, ante la mujer combatiente o caída, maltratada o usada. Dibujo humano y humanizante, que se conjuga con el cultivo de tonalidades vitales en los demás seres, en el tiempo, las hojas, los pétalos. Una apertura capaz de superar la dimensión del contraste para tornarse posible sed del ánimo, anticipo quizás de un país, un mundo, una manera de vivir y de pintar la vida  m s acorde con la potencial plenitud humana.

La figuración convoca una presencia que golpea, reclama, impresiona, impide toda tentación de silencio o de fuga, de repliegue o de olvido. Miembros, manos, torsos. Expresivos, determinados, bellos: alta señal humana emergiendo del crimen, de toda podredumbre; contraste con ásperas atmósferas donde la síntesis y la sugerencia nacida de algún trazo, de cierto color, recorren numerosas zonas simbólicas.

Percepción de un tiempo en dura penumbra, en drásticas confrontaciones. La imagen plástica concebida como metáfora  funcional, en el sentido que el inolvidable Raúl González Tuñón daba a la representación política: imagen no autosuficiente, sino expresión de otro significado más profundo. La ruptura de la forma o el color expresan con voluntad coherente la contradicción entre humanidad y crimen, entre luz del paisaje y médula violada.  

En todas partes, en cualquier recurso plástico, cualquiera sea la modalidad o la temática, está  Debairosmoura con su sangre, su fervor, sus búsquedas: éI mismo, coherente, desgarrado, entero, intencional. Esta sangre del hombre combatiente y asesinado es la de Debairosmoura. Es suyo el fervor que nace de la belleza, el amor la solidaridad, que brota desde la entraña dura de estos paisajes argentinos. Sus uñas desgarran  la tela y proponen la vida: se clavan en ella con firmeza. Su  ánimo es el del hombre nuestro cuando muere y cae, se destroza y congrega, se deforma y vuelve a dibujarse. Su tarea es la del militante jugado, pronuncia el repudio afilado de quien se prohíbe y nos prohíbe el olvido. Denuncias de un paisaje  argentino agraviado por masacres que significan la expresión caudalosa de un sufrimiento, pero también de un odio al asesino. De una decisión metálica de justicia. Por eso es imposible vivir estas obras sin captar la originalidad interior de un hombre, vertida sobre la proyección de sus imágenes, como un resumen dramático y contradictorio, pero preciso, de nuestro tiempo argentino.

Recorrernos la travesía que nos propone Debairosmoura, nos sumergirnos en su pintura. Y nos conmueven bruscamente las zonas de sus paisajes. El trágico caído, detrás suyo la ironía de la traición. EI color incisivo se detiene morosamente o se pierde en la penumbra, pero de pronto la luz ilumina el drama. EI pintor desnuda el paisaje oculto, la hipocresía del silencio cómplice. Lo impregna del desgarro, también de la delicadeza del hombre destrozado. Presencia del crimen. Condena. Amor solidario por los caídos indomables.

En otro paisaje fusilado, la ironía de! rojo, viviente, enfrentado con la muerte gris y terrible. Señala  la carne  rota, los sueños, ojos, brazos capaces de elaborar el tiempo, aún amordazados o estallados en  la púrpura del crimen. Trágico silencio suspendido  mientras  los bellos verdes amanecen para una postal de nuestra tierra. Es el clima de estos días, su realidad bárbara. Los ojos de Debairosmoura beben las flores, el día herido. el hombre asesinado. Si en la noticia diaria  de la muerte o de la injuria represiva, pretendemos leer solo el dibujo negro de una crónica fría, Debairosmoura no nos lo permite: nos arroja al rostro, en nuestra dignidad mayor, estos graves paisajes verdaderos.

Los muertos violentados. Este lamento crispado se escucha mucho más que una denuncia: es ya una indignación que alerta, el augurio de una  implacable  rendición  de  cuentas.  No se puede matar así sin conmover para siempre a los vivos. No solamente el dolor o el espanto, sino la respuesta que germina el furor herido del hombre ante estas muertes que son cada vez más la  suya. Por eso manos de piedra, inexorables desde el miedo y la angustia, presagio tal vez de las manos que se entrelazan para una decisión final.

O esta luz de mármol lívido, tonos violetas golpeando el silencio, donde se exalta la permanencia del hombre en su último horror. Y la mano que descansa de modo transitorio; está  viva, terriblemente viva, para que crezca sin cesar, como un mandato, la memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y seguimos los matices de una niebla delicada, los suaves verdes de un suburbio vago. Se palpa casi el olor del pasto, el silencio tenue, la brisa  apenas envolviendo el núcleo pavoroso de cadáveres ya en la podredumbre. La dignidad de alguna figura levanta el testimonio trágico del hombre ultrajado. Los colores, casi tiernos, aumentan sin fronteras la sensación de espanto, la vigencia salvaje de estos desastres.   

Y otro paisaje donde culmina su síntesis la intención de Debairosmoura. Lujo de verdes anchos, rojos casi gozosos, cálidos dorados. Olor vegetal. Intensa armonía. Todo esto ya no es sólo atmósfera de choque con el crimen bestial sino presencia veraz de un mundo bel lo en su encantamiento. sensorial, donde Debairosmoura recupera dolorosamente lo que siempre es nuestro: el sol, la sinfonía de los tonos, las policromías líricas. Resalta la conmoción del contraste: en medio de este clima que canta, el hombre caído y destrozado. EI propio paisaje denuncia la belleza mordida por los asesinos. El hombre muerto  es  también el aire, la  hermosura, la posible alegría del mundo insultado. Y su propia sangre desbordada,  parece a veces contagiarse en fraternidad terrible con el color más punzante de las flores. Escena que testimonia una alternativa a la vez ideológica y pictórica, donde se avizora la profundización sucesiva de un humanismo dramático y valiente, de una militancia creadora donde Debairosmoura muestra como tendencia esencial de su desarrollo un camino elevado y cabal.

En otros cuadros brota la lucha salvaje, el combate por la carne que se devora por la subsistencia. Un conflicto entre fuerzas feroces, donde la exaltación de los rojos sangrientos en una red humanoide sugiere significados de una contienda entre los hombres, cuyo sentido aparece tal vez menos nítido que en otras composiciones, como substancia aún por dilucidar en profundidad.

0 este viejo entre perros y despojos: una pérdida de lo humano donde la atención cuidadosa, la percepción comprensiva aunque terrible no traducen una antropología de la destrucción, sino todo lo contrario, la señal precisa de que estamos ante al agravio de una condición humana.

Idéntica impresión se desprende del hombre acurrucado que emerge difícilmente del caos, del excremento. Y aparta, doblega los barrotes. Se atreve a crecer. Sus manos, sus rodillas, sus brazos, duramente blancos, se proponen así para la resistencia.

Pero aquí una goyesca satírica donde las pezuñas repasan en sillones. La hipocresía está en la esencia, el rostro; las formas de estos otros  muertos vivos, detrás de sus grotescas pleitesías.  Pero si en otras escenas la muerte propia era crimen contra el mundo, aquí, el propio ser es el que muere por deshumanización por inautenticidad.  Aquellos muertos dignos aparecen entonces mucho más sembrados de sentido vital que las vidas de esta escena grotescamente trágica.

Otras zonas humanas. Mendigos. A pesar del rostro sombrío, brota en la luz la cuerda que desata, los pies que pugnan, las manos rompiendo la coraza.

Y entonces Debairosmoura crece en otro tiempo: comienza un encendido viaje hacia el paisaje femenino, hacia el amor, la sensualidad cautivada, la maternidad, pero en integración dramática con la contienda o con el ultraje.

Así aparecen diversos matices de la contradicción humana en una maternidad: la ternura protectora de las manos maternas, el hijo que busca, el oscuro rechazado, el adoptado. EI color cuenta los movimientos de la aproximación y del alejamiento, de espera y distancia, de claridad y penumbra azul, en un llamado a la maternidad que simboliza el anhelo humano de fraternidad y amparo.

En esta fase de Debairosmoura impresiona el relieve, una recuperación superior y profunda donde nos hechiza la desnuda luz femenina. Caminos rosados muestran. sombras violetas, o tienen el filo irregular de la sangre. Largos cabellos. hermosas manos, bello rostro en medio del desorden. EI brumoso violeta acecha sin nublar la carne viva: aunque ofendida y maltratada, la femineidad afirma su sensualidad mágica.

A veces Debairosmoura se sumerge decididamente en las aguas del ángel femenino. Hay entonces algo así como un pudor enamorado en el pincel, un seguimiento respetuoso del misterio erótico,  un cuidado que se trasunta incluso en el gesto de la mujer cuando cubre sus duendes secretos. Aquí los rosados cautivan, el amarillo resuelve una alegría, y por fin se atreve la luz del naranjo.

Y sitios donde el amor desborda el lecho. La  sonrisa del hombre cruza detrás, mirada tranquila y  tenue. Sin embargo su mano se trueca en garra como la de un ave casi rapaz y escondida. Pero no agrede: es una masculinidad al acecho del encanto, con cierto respeto clandestino.

Pero la representación se torna más compleja cuando aparece la totalidad resumida en contrastes y  presencias. Ella parece sintetizarse a un tiempo en la amplitud de gamas que descubre el pintor, y en el sentido esencial de sus propias exploraciones. En esta mujer vivida con un verdadero enamoramiento plástico, se nota la propia mano del pintor impregnada de pasión masculina. Y su canto se expresa aún en los rosas carminados  de la piel. Pero allí se entrechocan con ásperos grises, y la mujer no transcurre entre sombras vagas o luces amables, sino y nada que en la columna de un combate de hierro. No se trata de una neutra mujer-héroe, sino de una femineidad dad dueña de una neta seducción que dramatiza su gesto desgarrante cuando enfrenta el riesgo y el agravio desde el núcleo que combate. Y ante la posible caída, no sólo espera un rostro de iluminado espanto, de humanidad rota, sino un brazo que cubre, una claridad de hombre cuidando aquello que bien ama. Nuevamente los brazos de la gente de Debairosmoura son precisamente humanos: puños, abrazo, movimiento. Aquí  color despliega su función expresiva en contraposición de rojos, blancos, grises, azules y violetas, que se integran al conjunto dejando mostrar una singular capacidad significativa a partir de su propia condición tonal.

Pintura del amor y de la muerte, del paisaje ofendido por el crimen, del destrozo humano y del hombre que se afirma; de la caída y del combate; de la suavidad y de la vorágine. Debairosmoura incorpora al hombre y al paisaje a través del color, en una recuperación impresionista tan original como convincente. Las tonalidades pujantes no huyen del drama ni son su alternativa: le sirven de sustento y contraste, de sustancia íntima. Y de presencia, al mismo tiempo, de una plenitud potencial que es preciso no sólo mostrar, sino defender y levantar.

Debairosmoura  indaga  sucesivos  asuntos, ensaya nuevas aperturas y recursos plásticos, se propone tenazmente avances expresivos. Su pintura no sólo quiere ahondar la coherencia entre intencionalidad, formas y significados: la propia búsqueda expresiva se convierte en dilucidación apasionada  de  las motivaciones  interiores del autor. De su imagen de la realidad y de sí mismo. Esta pintura no sólo refleja un proceso creador, sino  que se convierte en parte dinámica del mismo. En contribución esencial, que se conjuga con la experiencia cotidiana y la reflexión, para ensanchar y precisar de una manera cada vez más nítida una interpretación dei hombre y sus mundo. En este desarrollo, la voluntad explícita y la imaginación intuitiva se enfrentan, se condicionan, se integran en la difícil empresa de lograr una unidad superior.

Sí. Tal vez persisten aún muchos campos para reinvestigar o rectificar, en esta exploración  empeñosa y deliberada de vías donde surjan todas las aristas del complejo paisaje argentino. Tal vez resulte cada vez más acuciante la necesidad de encontrar nuevas alternativas plásticas par definir el campo elegido. Y ellas exigen tanto modificaciones técnicas o expresivas como sucesivas clarificaciones ideológicas.

Hemos recorrido, vivido, sentido junto con Debairosmoura el amor, la delicadeza femenina, el asesinato y la pelea,  la autenticidad y la hipocresía, las vidas apagadas y las iluminadas por la decisión combativa, que siguen habitando el aire por encima de la muerte. Estos intensos colores de pétalos y espanto, estas  luces del tiempo multiforme, con sus sabores cálidos o amargos esta profunda militancia del hombre, aún cuando testimonian la muerte, la denuncian y más aún, la invaden y la superan. Entre tormentas del ánimo, remansos femeninos, aliento de trágicas batallas, colores que sonríen, colores que estallan en un repudio de pena y de cólera, van creciendo las manos de Debairosmoura por un  rumbo mayor, irreversible en su vida y su pintura.

Francisco Linares

Presentación de la muestra de las series "La Metamorfosis", "Las Trincheras" y  
"Las Eróticas"
. Simposio nacional de Críticos de Arte. Tucumán. 1969.

En el campo del espíritu y con algunas variantes, hay un hecho actual que debe ser reconocido como una evidencia: el de la expresividad. Expresividad en contraposición al gesto neutro a la conciencia del silencio o la evasión. Y si es cierto que el arte, a través de su legado histórico puede mostrarnos iguales caracteres no lo es menos el hecho que el artista de hoy se le suma una condición esencial en la necesidad de tener que asumirla. Todo artista ha comprendido el gran resorte de esa iluminación. Y en esta comprensión consiste su originalidad. No obstante, las recetas no existen: con m s o menos inconsciencia o desenfado, con mayor o menor grado de embriaguez o sentido de amenaza, la actitud definitiva de la encarnación continúa siempre, en acecho. Y es la lealtad hacia sí mismo la que habrá  de determinar en última consideración la trama causal del creador a su verdad es decir su responsabilidad. La sumisión no da frutos. La rebeldía en vacío es estéril. Se trata, pues, de una cuestión suprema y vital, sin trampas.

Yo tomo a Luis Debairosmoura como un exponente de ese arte de la expresividad manejado sustancialmente como un arma. Partícipe y atento a las circunstancias de un mundo que es de todos, pienso que sus temas no son elegidos por él sino que es la realidad quien se los impone de algún modo. Series como "Las trincheras" o "Las eróticas" son tajadas de esa realidad sin veladuras, tomadas como acto, lejos siempre del discernimiento moroso que supone la reflexión, que es decir elección. Engullido por los hechos, Debairosmoura plasma una atmósfera de libertad  pictórica, de íntimo desprendimiento ante el espectáculo que lo hiere y se siente capaz de recrear. Yo lo propondría  como un intuitivo y un espontáneo de la pintura, dueño de una capacidad de improvisación y un temperamento tan vigoroso y fértil capaz de explorar la veta signada hasta sus consecuencias finales.

Artesano por oficio y plástico por naturaleza, la obra de Debairosmoura aborda temas que ahogan sin socorro posible, que atrapan sin concesiones. No conoce la pasividad ni lo furtivo: gestos, pasiones, actitudes son transformados en cosa, en objeto, en materia de intensidad pura y deslumbrante. No hace al caso si trabaja a cincel y a fuego ni tampoco el rastrear huellas de supuestas influencias. Lo que importa es su potencia insóIita y dominante, ese dinamismo de cromática vertiginosidad sostenido y alentado por una imaginación que corre regulada sólo por los sentidos y el desprejuicio, guiada siempre por referencia a una íntima fidelidad. Y como todo artista fiel, Debairosmoura conserva prístino un atributo esencial a esa condición: jamás monologa con su arte. Aún en el manejo de la abstracción queda siempre detenido en lo humano, que es su punto de origen y de llegada. Y no veo en sus figuras la apreciación fácil y superficial que señala su tendencia a la imaginería, lo simiesco o lo ornamental. Siento por el contrario, que por detrás de su pinturas talladas a pincel subyace una tensión que llega al patetismo por el color y al drama por la imagen. Patetismo y drama conjugados que pueden estallar en violencia y agresividad o también reclamar su trasfondo de contemplación y mesura, de dolor, de acuerdo a la susceptibilidad que cada cual se ha propuesto.

Debairosmoura persigue un estilo a través de un lenguaje. Su verbo es el de la objetividad: una llamado vibrante con sonoridad propia y una fuerza dramática que nos arrastra sin remedio fuera de nosotros. Hipnosis por afinidad, diría. Pero su arribo a la inspiración está basado en una técnica personal, hecha de sacrificio y martilleo, ajena a todo academicismo, sustentada por una vocación profunda y sin alternativas. Sus seres cobran vida en el desierto, desconocen lo hermético: dialogan permanentemente entre ellos, están dispuestos a decirlo todo, a desgarrarse la carne en su delirio por alcanzar espacio y luz. Es una pintura que trasmite y sugiere: la evidencia está rodeada por el clima como dos antagónicos vinculados de modo intrincado y simultáneo, traducido en entrega. Debairosmoura muestra un universo de malestar y angustia, de compulsión y mordedura manifestado en sus rostros y cuerpos que surgen torturados y espectrales, cercenados y tumorosos, siempre como punto culminante de un conflicto. Su obra nos habla sin refinamientos, pero con una emoción tan palpable que ninguna ciencia transmite a la tela. Así se nos ofrece el caso poco frecuente que ante sus cuadros se experimenta, primero, al hombre. Y antes que al hombre, si es posible, su grito.

Extraño a toda forma de resignación o posturas de ceremonia, Debairosmoura ha logrado hasta ahora asimilar el golpe de la inocencia en mayúscula, de conservar el don de la autenticidad. Su lucidez continúa escarbando estratos cada vez más profundos y amplios. Y si hoy todo arte para serlo debe al menos "inquietar", Debairosmoura posee ese elemento de intemperancia contenida, de vigor golpeante, al trabajar su materia con ardor nervioso y sentido de búsqueda.

Su pintura es un combate: Y en el combate está  su encuentro.

Héctor Ivo Marrochi

 

 

 

Entrevistas y escritos

Extracto de una entrevista en el diario "La Gaceta" de Tucumán, a propósito de la muestra de las obras 
"Apuntes Argentinos"
.  1986.

"Creo en una pintura impregnada del contorno, sucia de sentido. Nos exhaltan la pintura como objeto decorativo para un sabio deleite de entendidos; pero no conforma, no puede conformarnos aquello que debiera ser parte de las convulsiones de nuestra historia, cuando se muestra ajena, carente del reflejo que marcan importantes acontecimientos de nuestra vida social. Una obra, como decía Paul Nizan, ‘debe juzgar el momento, sentenciar’; debe ser vehículo de conocimiento, un desprendimiento de la realidad misma". Esta es la concepción asumida frente a la obra de arte por el pintor Luis Debairosmoura, que expone en el Museo de Bellas Artes su serie "Apuntes Argentinos".

A la luz de su concepción del arte, Debairosmoura señaló que "la mayor parte de las entregas de los últimos años, salvo contadas excepciones, mostraron artistas preocupados por la técnica impecable, por el recurso del oficio, por el efecto, más que por la elaboración de propuestas. Artistas temerosos del desborde, de comprometerse con un juicio de la realidad, a riesgo de que en la obra se retrate al hombre, y como consecuencia a la sociedad toda".

"...En un medio hostil a toda manifestación de libertad que cuestione ordenamientos de un sistema caracterizado por el tutelaje y la represión, toda apertura a situaciones de cambio es temida, neutralizada. El artista vive sometido entonces, a una contradicción básica: hacer un arte vago, conciliado con el buen gusto público, o aceptar el desafío de crear desde y a pesar de las dificultades que impone una sociedad que desprotege a sus individuos".

 

 

Extracto de la entrevista realizada por Laura Castro para la Revista Digital "El Vernáculo", en agosto de 2008.  


P- Nació en San Miguel de Tucumán, su niñez estuvo relacionada con el mundo del arte o cuál fue el momento en que decidió que la pintura iba ser parte de su vida?

R- Pude jugar aprendiendo. Mis padres estimulaban mis inquietudes por el dibujo y la pintura desde chico. Mis intentos primeros estaban influenciados por historietas.
Algo que descubrí grande ya, es que la necesidad mía de hacer series o secuencias con que desarrollo mi obra, tiene que ver con como componía en mi infancia aquellos dibujos con papeles transparentes, calcando y modificando imágenes. Un texto sobre mi obra que escribió Julia Rocha habla de rizomas, entendiendo ella que toda mi obra esta conectada entre sí. Pienso que tiene que ver con esto la manera de abordar secuencialmente los temas, donde inicio diciendo algo para descubrir otras cosas.

P- Aprendió dibujo y pintura de Timoteo Eduardo Navarro, y luego trabajó con Joaquín Ezequiel Linares ¿qué destaca de ellos o cuáles son las huellas que han dejado en su formación?
R- Timoteo Navarro me indujo en la Facultad de Artes, a atender esa demanda íntima por expresarme plásticamente, con la naturalidad de los afectos espontáneos. Sin estridencias, y más allá de discrepancias circunstanciales, me llenaba el corazón con una sabiduría llana, que puede quien es sensible y está tremendamente vivo.
Ezequiel Linares se acercó a mí generosamente en un momento que entré en conflictos con los sistemas docentes en la facultad de artes, y para ayudarme luego en mis vacilaciones con el arte. Pude con él comprender algunas cuestiones y avanzar en proyectos más abarcativos en el arte. Fue un docente generoso y un gran artista.

P- En cuanto al diseño gráfico ¿Cuál fue su interés por incursionar en esa rama del diseño?
R- El diseño gráfico fue un accidente en mi vida. A los 13 años, al tener que ayudar económicamente a mi familia, empecé a trabajar en una agencia de publicidad, donde la rutina me dio alguna base en el uso de materiales técnicos con los que después trabajaría mi obra.
También fue sostén muchas veces para mi proyecto como artista. Lo menciono en mi currícula como una parte de mi formación, pero nunca estuve enamorado del diseño gráfico.

P- Durante su carrera ha participado de La Brigada Muralistas Castagnino y ha ocupado el cargo de secretario y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, ¿Podría comentarnos cómo vivenció cada experiencia y que le aportó a su desarrollo profesional?
R- Las Brigadas Muralistas Castagnino fueron un grupo de gente intentando decir en los muros de Buenos Aires, con imágenes y palabras, demandas de la gente, nuestras demandas. Eran épocas duras donde las luchas por la libertad se manifestaban poniendo las acciones y el cuerpo en el espacio público, con todo el riesgo que ello implicaba.
En los ’70 en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos encontré un lugar donde algunos artistas potenciaban sus proyectos y demandas, esencialmente gremiales. Una época intensa en una institución donde pasaron grandes del arte argentino, como Berni, Loza, Presas, Castagnino, entre otros. Con los años, de ella queda poco, por ciertos vicios de los artistas, y por políticas que debilitan las instituciones de este tipo.
Es difícil decir qué aportó esto a mi desarrollo. Soy parte de una generación que se creía capaz de transformar el mundo y finalmente derrotada. Siguen las utopías allí, pero quienes buscamos caminos hacia ellas deberemos repensar las formas, el entorno y la viabilidad en una sociedad que aún hoy se solidariza con sus victimarios…

P- Alguna de sus obras no están documentadas, o desaparecieron durante el proceso militar. ¿Cómo vivió esa etapa como artista? Y podría hacer un análisis de esa época ¿De cómo eran las expresiones Artísticas en aquel tiempo?
R- Fue una época compleja, con la inquietud en los jóvenes por ser protagonistas de cambios. Esto reflejó también otra forma de asumir el arte. Nos definíamos como trabajadores de la cultura, exigiendo un lugar en la sociedad como tales, en discordancia con quienes pensaban el arte en términos de privilegios.
Se manifestaban críticamente todas las diferencias en un país sin matices, con todos en los extremos, desnudando la confrontación cada vez más hasta la irrupción del Proceso. Luego todo se transformó en pesar y oscuridad.

P- Se sabe que un artista posee un sentimiento especial por cada producción y usted tiene varias series y cada una de ellas posee una temática distinta. Pero creo que con seguridad que usted debe tener alguna obra predilecta. Si es así podría decirme ¿Cuál es y por qué?
R- Mis obras son todas aproximaciones a lo que intento decir, pero siempre algo falta. Tiene que ver seguramente con ese espacio del deseo donde no hay certeza posible, esa imposibilidad de completud…
Alguna series me interesan más por los temas que por la forma en que los resuelvo. “Consumamos al consumidor”, “Los Pobres de Ciudad Oculta”, “La Máquina de hacer corderos”, por ejemplo. En fotografía, “Ocultamientos”.

P- A lo largo de su carrera ha ido implementado diferentes técnicas para la realización de sus obras. ¿Siente que le falta incursionar por alguna?
R- Uno quisiera ser más completo en sus recursos expresivos, pero no es fácil. Hubiera deseado abundar más en técnicas de reproducción serial, como la serigrafía o el grabado. En ese sentido la fotografía y el arte digital me resultan apropiados.

P- ¿Cómo ve a las expresiones artísticas en al actualidad?
R- Me gusta entender el arte como un camino abierto donde la vida se hace posible. Donde el gesto atiende lo que el otro entiende. Me interesa pensar un arte cerca de la gente, expresando sus cuestiones vitales.
Y me preocupa la originalidad cuando no es ética, cuando no vacila en utilizar cualquier recurso amparándose en la libertad de expresión.

P- Por ultimo ¿Cuáles son sus próximos proyectos ha realizar?
R- Estoy abocado a algunos trabajos en fotografía y arte digital. También preparando una muestra en una galería de Buenos Aires y una retrospectiva en el Museo Timoteo Navarro de Tucumán para el año entrante. Y aprendiendo a abrir un poco más las puertas para sentirme integrado…

 

 

Texto del artista para el Libro "Ciudad de Angeles, otra mirada"


Secuencias

La propuesta original fue trabajar sobre y desde el tema de “Ciudad de Ángeles, historia del Cementerio Recoleta”, de Omar López Mato. En torno a ese lugar sucedieron otros donde las historias perdieron identidad y encontraron un cauce amórfico, tal vez un silencio donde afirmar pequeños mitos provincianos.

Abordar la muerte obliga a reflexionar acerca de la vida. Un abrazo al vacío para conceder un espacio a los ojos donde aquietar el acoso del tiempo. Hay momentos, imprecisos porque somos con-secuencia, donde se abre otro estado de conciencia, que denominamos vida, o muerte.

Aquel que acaba para ser otro (no hablo de reencarnación sino de con-secuencia), nos desnuda la culpa ancestral por el vínculo roto, y la mirada que pretende eternidad a lo que se modifica y recrea permanentemente. El intento imaginando lo ignorado deviene en travesura y especulación intelectual, fracasada verdad al fin, aún con toda la carga de lo sentido.

Queda atravesar mi propia subjetividad con la inercia de lo difuso y algunos mitos del sujeto colectivo. Iniciarme en la confrontación de los duelos desde el gozo de la vida, y hacer visibles los fantasmas que cuelgan en mi atril, y a veces trepan paredes y ventanas en mi cuarto.

Cuestión sin certezas, jugada la intuición de lo trascendente entre las miserias. No  un acertijo, sólo médula húmeda sucediendo al asombro en los pinceles, y al amargor de algunas ausencias recorriéndome desde adentro. También la inocencia mordiendo la memoria y descubriendo la ley natural.

Cuando concluí las obras, debí reinterpretar lo que las motivó. López Mato desnudó mi ignorancia y alimentó intención y reflexión a mi gesto. Descubrí la angelización de los que acaban como una contradicción: los muertos viven. Casi una insolencia de la naturaleza encontrando siempre caminos para seguir.

Entre el desamparo humano, y la soberbia que responde lo inexplicable, hay un espacio modificando los sentidos y hurgando el abstracto. Convocando y expresándose como otra continuidad de la vida en el arte. Tomé ese espacio para develar los angelizados desde un sentimiento no determinista, con la inquietud y la incertidumbre vital. Sólo acercamientos a la sombra en lo oscuro. Dejando huellas en el papel como idearios de una mirada serena. Y donde la palabra quedó suspendida, incapaz de resolverse suficiente en el enigma que late el universo.

Vine yéndome. Nada espero, entonces, para cuando no haya.

Luis Debairosmoura
Diciembre de 2002.